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miércoles, 31 de agosto de 2011

CONTAMINACIÓN EN BAHÍA DE COHANA


Tres cuencas, las más contaminadas
Yáscara Rivera   La Prensa, Sabatino - La Paz   abril 2007
El plan de descontaminación gubernamental está en una fase inicial La actividad minera, industrial y las aguas servidas han afectado seriamente al sistema de cuencas de Bolivia. Los metales pesados son los productos más nocivos
Las cuencas del río Pilcomayo (Tarija), del lago Titicaca en la región de la Bahía de Cohana (La Paz) y del Poopó- Uru Uru (Oruro) comparten el "honor" de ser las más afectadas en Bolivia por la actividad minero-metalúrgica e industrial.
Este problema cobra singular importancia si se toma en cuenta que mañana se celebrará el Día Mundial de la Tierra (ver nota de apoyo en la página 3) y que el agua es un recurso estratégico para el ser humano.
Según el Viceministerio de Cuencas y Recursos Hídricos del Ministerio del Agua, el 8,7 por ciento de la cuenca del río Pilcomayo está contaminado, situación que afecta a Bolivia, Argentina y Paraguay.
De ese porcentaje, en el país hay 98.450 kilómetros cuadrados afectados, lo que perjudica a 1,3 millones de habitantes.
La principal contaminación se genera en la unión de la cuenca del Pilcomayo (que nace en la provincia Avaroa de Oruro) con el río Tarapaya en Potosí. En este sector la actividad minero-metalúrgica es intensa.
Pero no sólo la minería golpea al afluente. El director general de Cuencas del Viceministerio, Carlos Delgado, comenta que también dañan los elementos que se sedimentan después del uso de fertilizantes. En la cuenca del Poopó y Uru Uru la situación no es mejor. La polución abarca entre el 70 y el 80 por ciento de los cuerpos de agua (ríos, lagos y riachuelos). Un estudio realizado entre 2000 y 2006 por el Instituto de Investigaciones Químicas de la Universidad Mayor de San Andrés, financiado por la Cooperación Sueca, reveló que de los 16.630 kilométros cuadrados que tiene la cuenca, el 71 por ciento está afectado por desechos minerales.
Osvaldo Ramos, docente de este Instituto, explica que entre los compuestos que afectan el agua se encontró material proveniente de la actividad minera con gran cantidad de metales pesados (cadmio, zinc y plomo). También se detectó la existencia de arsénico.
María Eugenia García, investigadora del mismo Instituto, agrega que el estudio identificó al norte y noreste de la cuenca Poopó y Uru Uru (en Oruro) como regiones críticas.
"La única parte que no está contaminada se encuentra en el sur del lago Poopó, cerca de Santiago de Quillacas".
Los afluentes de esta zona donde se han encontrado concentraciones elevadas de polución son los ríos Sora Sora, Sebarullo, Huancané, una zona del Desaguadero, el Poopó, el lago Uru Uru y el Cajahuira.
Según los datos del Viceministerio, las zonas más críticas de ese lugar son las subcuencas de Antequera, Huanuni y Sora Sora, desde donde el agua contaminada se irriga a los sembradíos de papa, quinua, cebada y el forraje para los animales.
Además, el lago Poopó recibe aguas ácidas —que salen del interior mina y al mezclarse con las rocas producen una reacción alcalina—derivadas de la explotación del yacimiento de estaño del cerro Posokoni.
El viceministro de Cuencas y Recursos Hídricos del Ministerio del Agua, Wálter Valda, comenta que en los últimos 20 años la actividad minera en el país ha deteriorado la calidad de los reservorios acuáticos.
"A pesar de la Ley 1333 (del Medio Ambiente), las transgresiones al ecosistema han sido grandes. En este tiempo se ha recibido como una cantidad importante de desechos los provenientes de la extracción minera, más conocidos como colas".
En la cuenca del río Katari, que desemboca en la Bahía de Cohana (ubicada en el altiplano paceño), la polución abarca 21 kilómetros cuadrados de una superficie de 8.400 kilómetros cuadrados.
Según un estudio del Viceministerio de Cuencas y Recursos Hídricos y el Instituto de Tecnología Nuclear, en la bahía los principales compuestos que se concentran son el nitrógeno, fósforo, boro y el zinc. Como en la zona funcionan varias curtiembres, se detectó una gran cantidad de materia orgánica, aceites, grasas (provenientes de las curtiembres), heces fecales, plásticos y bacterias nocivas para la salud.
Además, la población acostumbra a botar sus desperdicios en las aguas. El lugar también recibe los desechos de los procesos industriales y de las actividades mineras.
El técnico de ese Viceministerio Eduardo Díaz explica que el estudio se elaboró en abril de 2006 con un muestreo en los afluentes paceños de Katari, Seque, Seco, Pallina, Colorado, Jala Kery y en la bahía de Cohana.
El responsable de Laboratorio de Calidad del Instituto de Ecología de la Universidad Mayor de San Andrés, Rubén Marín, asegura que, debido a que la población vierte sus desperdicios, las aguas del lago Titicaca pueden ser consideradas como "cloacas abiertas" porque a través de sus ríos está recibiendo todos los desechos orgánicos de El Alto y Viacha que incluyen descargas hospitalarias, de fábricas y de uso doméstico.
Las aguas negras alteñas son depositadas en la planta de Puchucollo, construida para purificar el líquido, pero al momento no cumple un correcto trabajo debido a que su capacidad está rebasada. El estudio realizado por el Viceministerio establece que a la Bahía de Cohana llegan estos desechos sin haber recibido un buen tratamiento.
El líquido es utilizado para regar los sembradíos de las comunidades cercanas a El Alto.
Según Marín, la falta de plantas de tratamiento de las aguas servidas es uno los principales problemas de la contaminación de La Paz y El Alto.
La situación, comenta Díaz, ha roto el equilibrio ecológico, pues al existir más nitrógeno y fósforo en los afluentes (producto de la polución) se ha impulsado el crecimiento de la lenteja de agua (lemna gibba e hidrocotyle). Esta planta cubre la superficie del afluente, lo que evita el ingreso del sol y afecta el desarrollo de la vida acuática.
Díaz y Marín coinciden en que el problema en esta zona se debe a que el agua no tiene mucho movimiento y funciona como una gran laguna de estabilización que recibe cualquier sustancia tóxica.
 

El río Beni, a la altura de Rurrenabaque (población beniana), también sufre los embates de la industria minera, específicamente de la extracción del oro.
Una investigación del Instituto Francés de Estudios Andinos revela que esa práctica libera mercurio, que al contaminar el agua también afecta la cadena alimenticia acuática, llegando hasta el hombre que consume los peces contaminados.
Marín advierte de que es necesario asumir medidas oportunas con el objetivo de evitar un peor cuadro. Cita el ejemplo de la ciudad japonesa de Minamata, donde hubo una contaminación del agua con mercurio y luego de 30 años se sintieron los efectos en las personas.
 

Frente a esta situación, el Ministerio de Aguas, a través de su Viceministerio, apuesta a un plan de mitigación y prevención que como punto de partida estableció elaborar estudios para verificar la cantidad de cuencas (se está realizando un nuevo levantamiento de datos), la manera en la que están siendo manejadas y las concesiones mineras que operan alrededor de los afluentes.
Por eso es que se encargó un estudio a una consultora inglesa para conocer la situación actual de la cuenca del Pilcomayo.
En cuanto a la del Poopó- Uru Uru, se formó una comisión en la que participan los viceministerios de Cuencas y Recursos Hídricos, de Biodiversidad, Recursos Forestales y Medio Ambiente, además de la Dirección Departamental de Recursos Naturales y Medio Ambiente de la Prefectura de Oruro.
Este organismo hará una inspección para determinar cuáles son las ventajas y desventajas de la ubicación de un dique de colas (construcción para reducir el efecto nocivo de los minerales en las aguas) que se pretende emplazar en la subcuenca de Huanuni.
En los próximos días se procurará el funcionamiento del sistema de información nacional sobre cuencas hidrográficas.
Para la Bahía de Cohana se están haciendo monitoreos seguidos y se aconseja echar nutrientes que ayuden al desarrollo de plantas y que con esto se oxigene el espejo de agua.
Díaz opina que en El Alto debe instalarse un parque industrial que tenga una planta de tratamiento para las aguas servidas de la ciudad.
 


La recuperación de las cuencas como espacios de vida es uno de los principales objetivos que se ha propuesto el Viceministerio de Cuencas y Recursos Hídricos dependiente del Ministerio del Agua. El viceministro Wálter Valda asegura que un reservorio acuático tiene que ser visto como un espacio de vida, de prácticas culturales, y de interculturalidad, producción agrícola ganadera y forestal.
 

El reglamento en materia de contaminación hídrica es parte de la Ley del Medio Ambiente y su normativa específica está referida a la prevención y control de la polución a fin de evitar que las actividades industriales, comerciales, agropecuarias y domésticas dañen el medio ambiente. La norma establece que cualquier empresa que descarga aguas residuales debe contar con licencia ambiental.
 

La Ley del Medio Ambiente establece que antes de que una industria descargue sus desechos a un río o a una red de alcantarillado es necesario someterlos a un proceso de transformación, para aminorar la toxicidad y el daño al ecosistema. Con el fin de realizar un mejor proceso de los líquidos, la Liga de Defensa del Medio Ambiente sugiere construir más plantas para el tratamiento de los desperdicios.
 

Toda esta situación deriva en que las cuencas pierdan su capacidad productiva. Para el viceministro de Cuencas y Recursos Hídricos, Wálter Valda, un segundo problema es la "sedimentación" de algunos materiales como las piedras y la tierra, además del desvío de los cauces de los ríos hecho por intereses particulares. Esto ha ocasionado que los afluentes pierdan caudal y vayan secándose paulatinamente.
 

El Instituto de Investigaciones Químicas de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) sugiere que para combatir la contaminación en las aguas se utilicen soluciones naturales.
La investigadora María Eugenia García explica que luego de identificar los contaminantes en la cuenca de Poopó-Uru Uru, los especialistas realizaron pruebas de laboratorio con la técnica de la fitorremediación, que consiste en usar plantas acuáticas capaces de absorber algunos elementos nocivos como el plomo, el arsénico, el zinc y el cadmio.
"Hemos tenido resultados muy interesantes y muy positivos principalmente con las algas y la totora que tienen gran capacidad de absorción. También lo hicimos con pajabrava, pero no obtuvimos buenos resultados".
Los científicos también experimentaron con la biorremediación, técnica que usa bacterias que tienen la capacidad de reducir la toxicidad de los elementos nocivos.
Estos microorganismos se denominan "sulfatorreductores" y en su mayoría fueron recolectados en la misma zona. Tienen buena capacidad de reproducción y de resistencia a los ácidos y alta concentración de metales.
"Estas bacterias lo que hacen es transformar las soluciones de sulfatos a sulfuros, estos últimos —los sulfuros— se precipitan y quedan en forma de lodo, actuando sobre el agua, donde los elementos tóxicos como los metales pesados quedan libres de estos elementos".
García asegura que el Instituto continúa investigando para identificar nuevas opciones naturales, que sean de bajo costo y que permitan reducir la polución en las aguas.
 

  |   by: Oktala  







sábado, 20 de agosto de 2011

70% de familias rurales no habla de sexo con adolescentes

Al menos en el 70% de los hogares rurales las familias no hablan de sexo y la falta del abordaje de ese tema aumenta el número de embarazos no deseados en estas regiones, según un estudio del Proyecto Pro Joven. El perfil de la salud sexual y reproductiva de las adolescentes bolivianas es crítico; el 4,4% de las personas menores de 19 años de edad se embaraza, informó Ana Rosa Gonzales, Directora de la Asociación Para la Prevención de Embarazos No Deseados (APPRENDE).
Además, el 21% de las adolescentes, de 15 a 19 años de edad, son sexualmente activas, pero sólo el 1,6% usa preservativos, agregó Gonzales.
(La Prensa, Pág. A9, Sociedad, Yáscara Rivera)